Los
lectores de EL NARCEA ya tienen conocimiento de las visitas que D.
Luis Martínez Kleiser viene desde hace meses haciendo a los diversos
concejos y pueblos del Distrito electoral de Cangas de Tineo, así
como también lo tienen del hermoso recibimiento que le hacen en la
casi totalidad de los puntos que recorre.
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| Cibuyu, Berguñu, La Riela ya parte'l Riu'l Coutu (Fotu: Segun67) |
De
las visitas hechas al concejo de Grandas, al de Somiedo y a varios
pueblos del cangués ocupáronse en amplias reseñas distintos y
competentes cronistas; de la hecha al pueblo que encabeza estas
líneas ocuparéme yo, obedeciendo órdenes de superiores.
-Tienes
que ir esta tarde con Kleiser- me dijeron en la mañana del día 18
de los corrientes-; es necesario que lo acompañes a Cibuyo para que
luego escribas las impresiones que allí recojas. Y
callé, en señal de asentimiento.
¿Qué
importaba que me doliese un poco la cabeza? ¿Qué importaba que en
el día de referencia no tuviese yo ganas de hacer cosa alguna? Nada;
todo ello no me importaba nada... Mandábaseme trabajar por la causa
Kleiserista y para obedecer tales mandatos no hallo obstáculos.
Y
llegó el momento señalado para la partida, llegaron las cuatro de
la tarde. ¿Desde
qué punto escuché las campanadas de tal hora? Desde la fonda de don
Ubaldo, donde me hallaba conversando con los demás compañeros de
excursión. Eran
éstos: D. Ceferino Arias, D. Joaquín García González, D. Cándido
Alonso y D. Ángel Rodríguez.
El
sonido del reloj puso término a la amena charla que sosteníamos, y
alguien dijo: ¡en marcha!... Cinco minutos después ya ocupábamos
el automóvil de nuestro futuro Diputado.
Taf...
taf... taf... El soberbio carruaje se traga los kilómetros...; su
estómago de monstruo todo lo digiere... Y
en menos tiempo del que se tarda en decirlo llegamos a La Regla.
Parada en seco... Nos detienen unos paisanos. Son partidarios de D.
Luis que van a escucharlo en Cibuyo. Les
saludamos, y como no caben en el coche, promételes el Sr. Kleiser no
hablar mientras ellos no lleguen.
-¡Hasta
luego! -les decimos- y otra vez a correr, nuevamente a volar...
Suenan
cohetes... ¿Qué ocurre? Que los de Cibuyo nos han visto, que
estamos entrando en el pueblo... Hay que apearse. Y
nos apeamos.
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| Pandiel.lu (Fotu: Cangas del Narcea: la Asturias por descubrir) |
Apáganse
las voces:; cesan los cohetes; enmudece la gaitas. Es que ha llegado
el momento de estrechar manos, de dar abrazos, de demostrarse afecto
quedamente, silenciosamente...
Mientras
se cruzan estos saludos, va aumentando el nutrido grupo con alguna
que otra pareja de individuos, y aun se esperan más.
Pero
amenaza la lluvia, la noche se echa encima y muchos de los paisanos
tienen que andar buenas distancias antes de llegar a sus casas. Por
todo ello, no se puede perder tiempo. Hay que pronunciar dos
discursos, y éstos no se pronuncian en un par de minutos. Comienza,
pues, el acto.
Habla
en primer lugar don Ceferino Arias, quien de un modo acertadísimo
hace la presentación de D. Luis, llevando al ánimo de los oyentes
la convicción de que él es la esperanza del Distrito, por reunir
las bellas condiciones de talento, riqueza y juventud. La
oración del Sr. Arias es premiada con aplausos. Cuando
éstos se extinguen, toma la palabra nuestro futuro Diputado. Su
discurso es contundente, aplastante.
Comienza
dando las gracias por el recibimiento que le dispensaron; habla
seguidamente de la gran necesidad de una buena administración de los
intereses del Distrito; deshace luego la patraña que han corrido
acerca de su deseo de llevar el ferrocarril por el Puerto,
apartándolo de su trazado natural; encarece después la urgencia de
crear escuelas en la mayoría de los pueblos que hoy se hallan sin
ellas, motivando la falta de instrucción que nuestros emigrantes
ocupen en lejanas tierras los empleos más humildes; ocúpase de
otras mil cosas todas importantes, y termina pidiendo el apoyo de
todos para la empresa magna de encauzar el Distrito por el camino del
progreso, para el ímprobo trabajo de hacer a la justicia y a la
honradez reinas de todos los lugares del contorno. Con
muestras de aprobación fueron escuchados los párrafos del discurso
del Sr. Kleiser y aplausos y «vivas» se oyeron al final.
Estaba
cumplida la misión que nos había llevado a Cibuyo. ¿Qué hacer?
Tener un rato de esparcimiento y vuelta a Cangas. Así
se hizo. En amigable consorcio con los paisanos se comió, se bebió,
se cantó, hasta que pareció oportuno volver á tomar el «auto». Y
al tomarlo, con un compañero más, D. Manuel Pérez García, que
había ido delante de nosotros, en bicicleta, repitiéronse las
manifestaciones de cariño con mayor ardor aún, si cabe, que cuando
llegamos.
¡Bravo
por los de Cibuyo! ¡Bien por esa parroquia, por la de La Regla y la
de Larna! ¡Vivan los pueblos de las mismas!
CARLOS
GRAÑA VALDÉS.
Septiembre
del 1912.
(El
testu pertenez al númberu 346 del periódicu "El Narcea", del 28-9-1912)







