13 marzo 2012

¡Tamos en campaña! (III): Por Cibuyu, Larna ya La Riela


Cibuyu, Berguñu, La Riela ya parte'l Riu'l Coutu (Fotu: Segun67)
Los lectores de EL NARCEA ya tienen conocimiento de las visitas que D. Luis Martínez Kleiser viene desde hace meses haciendo a los diversos concejos y pueblos del Distrito electoral de Cangas de Tineo, así como también lo tienen del hermoso recibimiento que le hacen en la casi totalidad de los puntos que recorre.

De las visitas hechas al concejo de Grandas, al de Somiedo y a varios pueblos del cangués ocupáronse en amplias reseñas distintos y competentes cronistas; de la hecha al pueblo que encabeza estas líneas ocuparéme yo, obedeciendo órdenes de superiores.
-Tienes que ir esta tarde con Kleiser- me dijeron en la mañana del día 18 de los corrientes-; es necesario que lo acompañes a Cibuyo para que luego escribas las impresiones que allí recojas. Y callé, en señal de asentimiento.

¿Qué importaba que me doliese un poco la cabeza? ¿Qué importaba que en el día de referencia no tuviese yo ganas de hacer cosa alguna? Nada; todo ello no me importaba nada... Mandábaseme trabajar por la causa Kleiserista y para obedecer tales mandatos no hallo obstáculos.

Y llegó el momento señalado para la partida, llegaron las cuatro de la tarde. ¿Desde qué punto escuché las campanadas de tal hora? Desde la fonda de don Ubaldo, donde me hallaba conversando con los demás compañeros de excursión. Eran éstos: D. Ceferino Arias, D. Joaquín García González, D. Cándido Alonso y D. Ángel Rodríguez.
El sonido del reloj puso término a la amena charla que sosteníamos, y alguien dijo: ¡en marcha!... Cinco minutos después ya ocupábamos el automóvil de nuestro futuro Diputado.

Taf... taf... taf... El soberbio carruaje se traga los kilómetros...; su estómago de monstruo todo lo digiere... Y en menos tiempo del que se tarda en decirlo llegamos a La Regla. Parada en seco... Nos detienen unos paisanos. Son partidarios de D. Luis que van a escucharlo en Cibuyo. Les saludamos, y como no caben en el coche, promételes el Sr. Kleiser no hablar mientras ellos no lleguen.
-¡Hasta luego! -les decimos- y otra vez a correr, nuevamente a volar...

Suenan cohetes... ¿Qué ocurre? Que los de Cibuyo nos han visto, que estamos entrando en el pueblo... Hay que apearse. Y nos apeamos.

Pandiel.lu (Fotu: Cangas del Narcea: la Asturias por descubrir)
¡Vaya una entrada en Cibuyo!... Representantes de tres parroquias (Cibuyo, Larna, La Regla) y de diez y seis pueblos de las mismas (San Esteban, Soto, Berguño, El Pládano, Saburcio, Sierra, Castañedo; Agüera, Combarro, Vega del Castro, Folguerúa, Pandiello, La Pescal, Sestorraso, Caldevilla y Acio) vitorean a Kleiser, mezclándose sus voces en el espacio con el estampido de los voladores y las notas de la gaita, que toca la marcha real, el himno nacional de las Españas...

Apáganse las voces:; cesan los cohetes; enmudece la gaitas. Es que ha llegado el momento de estrechar manos, de dar abrazos, de demostrarse afecto quedamente, silenciosamente...
Mientras se cruzan estos saludos, va aumentando el nutrido grupo con alguna que otra pareja de individuos, y aun se esperan más.

Pero amenaza la lluvia, la noche se echa encima y muchos de los paisanos tienen que andar buenas distancias antes de llegar a sus casas. Por todo ello, no se puede perder tiempo. Hay que pronunciar dos discursos, y éstos no se pronuncian en un par de minutos. Comienza, pues, el acto.

Habla en primer lugar don Ceferino Arias, quien de un modo acertadísimo hace la presentación de D. Luis, llevando al ánimo de los oyentes la convicción de que él es la esperanza del Distrito, por reunir las bellas condiciones de talento, riqueza y juventud. La oración del Sr. Arias es premiada con aplausos. Cuando éstos se extinguen, toma la palabra nuestro futuro Diputado. Su discurso es contundente, aplastante.

Comienza dando las gracias por el recibimiento que le dispensaron; habla seguidamente de la gran necesidad de una buena administración de los intereses del Distrito; deshace luego la patraña que han corrido acerca de su deseo de llevar el ferrocarril por el Puerto, apartándolo de su trazado natural; encarece después la urgencia de crear escuelas en la mayoría de los pueblos que hoy se hallan sin ellas, motivando la falta de instrucción que nuestros emigrantes ocupen en lejanas tierras los empleos más humildes; ocúpase de otras mil cosas todas importantes, y termina pidiendo el apoyo de todos para la empresa magna de encauzar el Distrito por el camino del progreso, para el ímprobo trabajo de hacer a la justicia y a la honradez reinas de todos los lugares del contorno. Con muestras de aprobación fueron escuchados los párrafos del discurso del Sr. Kleiser y aplausos y «vivas» se oyeron al final.
 
Estaba cumplida la misión que nos había llevado a Cibuyo. ¿Qué hacer? Tener un rato de esparcimiento y vuelta a Cangas. Así se hizo. En amigable consorcio con los paisanos se comió, se bebió, se cantó, hasta que pareció oportuno volver á tomar el «auto». Y al tomarlo, con un compañero más, D. Manuel Pérez García, que había ido delante de nosotros, en bicicleta, repitiéronse las manifestaciones de cariño con mayor ardor aún, si cabe, que cuando llegamos.

¡Bravo por los de Cibuyo! ¡Bien por esa parroquia, por la de La Regla y la de Larna! ¡Vivan los pueblos de las mismas!

CARLOS GRAÑA VALDÉS.

                                                                                       Septiembre del 1912.

 (El testu pertenez al númberu 346 del periódicu "El Narcea", del 28-9-1912)

12 marzo 2012

¡Tamos en campaña! (II): Pol Partíu Sierra

Si grata y entusiasta ha sido la verificada hasta el presente por los pueblos recorridos, según se patentiza en la reseña anterior consignada en este periódico, no menos lo ha sido la llevada a cabo por los del dilatado partido de Sierra, en los días 16 y 17 del mes actual.

Las siete de la mañana próximamente serían cuando nuestro infatigable futuro Diputado a Cortes D. Luis M. Kleiser se acomodó en su automóvil, acompañado de D. Luis de Ron, D. Luis S. Cantón, D. Ceferino Arias, D. Joaquín R. Ménguez y del que estas líneas escribe, partiendo rápidamente con dirección al pueblo de Antrago, donde nos esperaba, y tuvimos el gusto de saludar, nuestro querido correligionario D. Saturnino Uría, dueño del importante comercio que allí existe.
No centru la fotu, el Palaciu de los Sierra (L.lamas del Mouru)
Tras breve descanso, y mientras se colocaban en las alforjas de las respectivas caballerías los víveres de boca -pues los de guerra, que son las verdades desnudas, puras y evangélicas, las llevaba el señor Kleiser en el arsenal que la Providencia ha depositado en sus labios para infundirlas en el ánimo de los oyentes- montamos con premura en dirección a la Venta de Llamas del Mouro, no sin pasar antes a saludar a los amigos de Valcabo y de dirigirnos después a la morada de don Pedro Llano, de Bruelles, hermano del Chantre de la S. I. C. B. (*) de Oviedo, obsequiándonos aquél espléndidamente y acompañándonos más tarde con su hijo hasta dicha Venta, don de nos sorprendió el repetido estampido de gruesos cohetes.

Allí estaban congregadas multitud de personas que aclamaban al 2º Mesías con vítores y alabanzas; y después de las correspondientes salutaciones y larga conversación, hizo la presentación de don Luis M. Kleiser, en una plática enérgica y entusiasta, el hijo de aquel partido don Ceferino Arias.

Acto seguido, y entre nutridos y calurosos aplausos, usó de la palabra el señor Kleiser, cuya oratoria, llena de pureza y vigorizada con la esencia de verdad -pues parece de la escuela de Pidal y Maura-, encantó de tal modo al auditorio, que en medio de los vivas y aplausos salió de entre un grupo de mujeres una voz que dijo: A este hombre no sólo le daríamos el voto si lo tuviéramos, sino todo lo que el Cielo nos concedió. Estas frases hicieron vibrar las fibras de mi corazón. ¡Era envidia!

En Becerrales

Este pueblo ha sido escenario de una escena electoral donde se rompió la urna a garrotazos limpios. Una vez en él, donde nos esperaba D. Joaquín Flórez de Sierra, de valiosa influencia en todos aquellos contornos, así como las no menos poderosas de D. Manuel Arias, D. Joaquín el Ventero, el Mantequero, y otros de Becerrales; D. Benigno Iglesias, D. Manuel Arias, de San Martín; D. José Rodríguez, de Sillaso; D. Antonio Fernández, de ídem; otro D. Manuel Arias, de Becerrales; Tronco, de Ridera, y otros muchos cuyo nombre no recuerdo, nos reunimos en ameno campo, y en banquete fraternal, gozando de las delicias de la tarde aquella, tan esplendorosa, que, después del cansancio de la larega cabalgata, brindaba a comer, lo que hicimos con tanto apetito que casi abusamos de aquellos majnares suculentos que las alforjas contenían, no faltando, como era natural, el precioso tatarrete añejo cangués; y con tan delicado y alegre néctar, que inspira hasta la imaginación más obtusa, todos brindamos por el triunfo del Sr. Kleiser. Tomado que fué el café nos dirigió otro soberbio discurso, lleno de unción, y nos trasladamos a

Sillaso

donde conversamos con D. Evaristo Peláez y otros amigos, a la sazón ocupados con las majadas, y nos dirigimos a

Santiago de Sierra

Allí nos esperaba el virtuoso párroco con varias personas de la parroquia, quienes demostraron adhesión y cariño al futuro Diputado, haciéndole notar la incuria y abandono en que a todo Sierra tienen los encargados de la administración municipal; y con frases laudatorias del señor Kleiser, nos despedimos con rumbo a

Onón

En esta parroquia hemos sido recibidos con gaita y una nutrida representación, que tuvo el honor de presentar D. Bonifacio González, de los pueblos de Villadestre, Luarnes, Valleciello, Maganes, La Veiguiella, Ridera, Fontaniella, Vecil y otros. Conversaron familiamente durante largo rato; mas como la noche se echó encima, tuvimos, con pesar nuestro, que abandonar el pueblo, y dirigiéndonos a Antrago, punto de partida, hora ya avanzada, nos subimos al auto, y con salud llegamos a Cangas para al díoa siguiente emprender la segunda jornada por el resto del partido de Sierra.

SEGUNDA JORNADA

Castru Sierra (Fotu: Tornadijo)
A la misma hora del día anterior y acompañando al Sr. Kleiser las mismas personas, partimos por los no menos escabrosos caminos que los del día antecedente, pasando por los pueblos de Medeo y de Castro de Sierra, donde nos esperaban comisiones que nos acompañaron hasta la parroquia de Robledo de Tainás, pasdando por Castiello y Tainás, donde se agregó otra comisión.
En aquella parroquia, con el celoso señor cura, en cuya casa nos hospedamos, se unieron los vecinos de Cerezaliz, aclamando unánimemente al Sr. Kleiser y haciéndole notar la falta de escuelas, de puentes y caminos, a la sazón intransitables, como pudimos palpar.

Hizo uso de la palabra el futuro Diputado, asegurándoles que por cuantos medios estuvieran a su alcance, vistas y tocadas por él mismo, en su recorrido, las necesidades que tienen todos los pueblos del concejo, en general, y particularmente la anchurosa zona de Sierra, estaba decidido a remediar tamaño mal.

Y aquellos campesinos, agradecidos por la visita de tal personaje por aquellos olvidados rincones, que debiera pagárseles por vivir en ellos, prorrumpieron en ¡hurras! al insigne huésped; y con las bridas de los caballos en las manos, por no permitir cabalgar tan escabrosos caminos, salimos para la parroquia de

Porley

Allí estaba reunido medio pueblo con el prestigioso Sr. Cura párroco D. Ángel Uría, quien nos hizo entrar en su casa y nos obsequió con esplendidez.

Otro nuevo discurso del Sr. Kleiser puso de relieve las altas dotes que le adornan de orador, que oyeron con religioso silencio, y otra despedida cariñosa le tributaron; y como la noche iba esparciendo su negro manto, emprendimps la marcha hacia Campo de Vega la Piedra, próximo al santuario del Acebo.

Allí había esperando comisiones de Linares con el Sr. Párroco a la cabeza; de los pueblos de Robledo de San Cristóbal, La Braña, Cabañal, Bornazal, Borracán y otros, presididos por el rico propietario de este último D. Alberto Martínez, quien, a pesar de la hora avanzada de la noche, y después de una corta arenga que les dirigió el Sr. Kleiser, nos invitó a su casa, donde una cena magnífica nos esperaba. De ella disfrutamos opíparamente, y regresamos a nuestros hogares llenos de polvo y cansados de fatiga, pero llenos también de satisfacción.


EVARISTO MORODO.

 (El testu pertenez al númberu 346 del periódicu "El Narcea", del 28-9-1912)
(*) Santa Iglesia Catedral Basílica




09 marzo 2012

¡Tamos en campaña! (I): Por Rengos, Cabreiros ya Tresmonte

Pues non. Tais enquivocaos. Nun vou falar aiquí de la campaña que nos vien encima, desde esta mesma nueite, pa que los nuesos políticos d'ambos sexos nos cunten outra vez en menos d'un anu lu bonas que son las súas propuestas pa sacar esti país de la crisis institucional, económica, l.laboral, cultural, social... (¿quédame dalguna por nomar?), na que el.los mesmos (salvo cuntadas ya honrosas esceiciones, pa las que sobran didos nuna mano), gobernando ou na presunta oposición, l.levan fundiéndolu desde hai muitos anos, ya cona nuesa complicidá (que nun se nos olvide) activa ou pasiva.
Fai yá tiempu qu'atoupara na páxina de El Tous pa Tous del.los periódicos d'escomienzos del sieglu XX, ya nunu d'el.los, El Narcea, vinía esta reseña de la campaña que fixera el folclorista, paremiólogu (*) ya escritor madrilanu Luis Martínez Kleiser en 1912 pa tratar de ser elexíu diputáu a Cortes nas eleiciones del 8 de marzu de 1914 pol distritu de Cangas de Tinéu, que comprendía, amás del de Cangas, los conceichos de Degaña, Grandas de Salime, Ibias, L.leitariegos, Somiedu ya Tinéu. Ya tenía pensáu faer la entrada más p'alantre ya muitu más curtia porque fala, anque sía poucu, de L.larón ya La Viliel.la.  Peru vese que había dalguién que nun podía esperar más por el.la ya, aproveitando el centenariu de la campaña de Kleiser, dióme la oportunidá de faela agora. Nesta entrada ya nas siguientes veráse'l recorríu polos conceichos de Cangas ya Ibias del escritor ya frustráu políticu.
Resulta chocante ver cúmu se paecen, mutatis mutandis, la campaña de 1912 ya ésta d'un cientu d'anos dispuéis; en realidá, aseméichanse todas tantu que paez que tamos siempre na mesma ya en campaña permanente. Ahí quedan los testos pa faer las comparanzas que queráis. Aiquí, nesti blogue, vos tenéis agora la palabra (anque nos prósimos quince días los que más falen ya menos digan sían el.los...).
(*) Qu'estudia los refranes ya dichos populares.

(El testu pertenez al númberu 345 del periódicu "El Narcea", del 21-9-1912, ya, al igual que los de prósimas entradas, yía fiel al orixinal, esceutu l.lixeras correiciones de signos ortográficos ya erros, que nun alteran el sentíu l'artículu).

¡Entusiasmo general!
Cuando los habitantes de un concejo, de una zona, de un distrito, atraviesan años y más años una situación anómala por lo incompatible con los adelantos y desarrollo de los pueblos modernos; una situación precaria por consecuencia de ese malestar unido a los escasos rendimientos que produce la agricultura, la falta de jornales, con la pesada carga de las contribuciones directas e indirectas; cuando a estas calamidades van unidas la más transcendental y funesta, como es el abandono a que nos tienen acostumbrados nuestros gobernantes, que lejos de estudiar y buscar los medios de reparar ese malestar tan continuado, sólo se cuidan de reparar la máquina política, engrasándola con el sudor del jornalero, del labrador, del contribuyente, para que siga funcionando con la mayor regularidad posible, con provecho de aquéllos y una exigua minería de paniaguados y en perjuicio de sus administrados en general...; cuando en tales circunstancias y caldeados los ánimos de tolerar tanto desprecio y tanto abuso, surge un redentor y ese redentor reúne las cualidades de D. Luis Martínez Kleiser, fácil es predecir que la indignación tanto tiempo reprimida, tanto tiempo encerrada en los pechos de estos sufridos pueblos, salte al primer chispazo y se desborde en entusiasmo al contacto de tan deseado bienhechor. Y estas explosiones que a algunos se les figurarán raros fenómenos, se suceden sin interrupción estos días en cada una de las visitas que el Sr. Kleiser viene efectuando en el distrito, como la cosa más natural y lógica.
El Narcea (de la páxina del Tous pa Tous)
                        PRIMERA ETAPA
                                   En Rengos

El viernes, 13 de los corrientes, a las siete y media de la mañana, salió en dirección de Ventanueva el Sr. Kleiser, en su automóvil, acompañado de sus amigos D. Humberto de Ron, D. Angel Rodríguez, D. Evaristo Morodo, D. Cándido Alonso y el que suscribe, con el objeto de visitar las parroquias de Larna, Vega, Posada, Gedrez y Larón, llegando a Ventanueva a las ocho, donde esperaban comisiones de Larna, Oballo y el pueblo de Moal en pleno, siendo recibidos con vítores y cohetes. Hechos los saludos de rigor y avisados de que en Regla nos esperaba el núcleo principal, precedidos de los anteriores y de D. Joaquín Rodríguez Ménguez, que llegó entonces, emprendimos la marcha hasta el cruce del camino de Vega con la carretera, donde al estampido de los cohetes y entusiastas vivas al futuro diputado fuimos recibidos por las parroquias de Posada y Vega con sus Párrocos a la cabeza y Alcalde de Posada, siendo sorprendidos por un artístico arco triunfal sobre la carretera, adornado con ramaje, flores y multitud de pañuelos de seda, al lado del cual simpáticas jóvenes, acompañadas de panderos, cantaban coplas alusivas, produciendo en todos halagador efecto. Dicho arco fue debido a la iniciativa del veterano conservador D. José Carlos, secundado muy eficazmente por el entusiasta Balbino Fernández, Alcalde de barrio de Vega.

Seguidamente el Sr. Kleiser dirigió la palabra a la concurrencia, arrancando en su discurso continuados vivas y aplausos, hasta el punto de que en algunos períodos el entusiasmo que despertaba en los oyentes le obligaban a suspender con frecuencia.

Terminado este acto se dispuso el regreso a Ventanueva, donde el popular D. Saturnino nos tenía preparado un confortable y bien servido almuerzo, hechos los honores al cual salimos en dirección de
                                                           Pueblo de Rengos

También aquí fuimos recibidos con vivas, cohetes y trabucazos, y sorprendidos también con otro arco triunfal por el estilo del anterior, pero entrando en el adorno mayor número de pañuelos, rematado, como aquél, con una bandera y una inscripción que decía: “A nuestro futuro Diputado”. Varias jóvenes entonaban también cantares alusivos al compás de sus típicos panderos.

Cambiados los saludos, el Sr. Kleiser les dirigió la palabra con el mismo éxito que antes, y seguido del pueblo en masa cogimos nuestras cabalgaduras para seguir la ruta, siendo despedidos con las mismas muestras de entusiasmo que a la llegada.

En Gedrez
 
Seguimos el itinerario comentando alegremente lo ocurrido, y a los treinta minutos estábamos a la entrada del pueblo, nos esperaba el vecindario con comisiones de Jalón y Piedrafita. Se hizo alto para cambiar saludos y admirar el tercer arco triunfal que tenían levantado por el estilo de los anteriores, y como en aquéllos, las jóvenes con sus panderos cantaban la bienvenida, mientras dos mozos con una bandera cada uno saludaban de una manera típica según se iba pasando.

Siguió la comitiva dando vivas hasta la Rectoral, donde fuimos obsequiados por el Párroco D. Juan Romano, y después de dirigir el Sr. Kleiser la palabra a los reunidos y recibido las mismas muestras de adhesión espontánea y calurosa, nos despedimos para emprender la ascensión al Rañadoiro, acompañados de D. Alonso Marqués y del servicial Pepe Carlos, de Cementerio, quien con el prestigioso amigo y persona influyente don Bernardino Fernández, de Cruces, hicieron con nosotros toda la expedición.

                                                     En Viliella y Larón

Con la rapidez posible se hizo el recorrido, llegando a Viliella a las cuatro, y a pesar de encontrarse todo el pueblo en las faenas de la majada, en cuanto se apercibieron de nuestra llegada abandonaron la labor para reunirse en el centro del pueblo, y empezaron a disparar tiros, a falta de cohetes, recibiéndonos luego con vivas al futuro diputado con el mismo entusiasmo que en los anteriores pueblos y prometiéndole unánime su apoyo. Después de dirigirles una corta arenga, seguimos a Larón, donde la visita tuvo de ser rápida por la falta de tiempo, hasta el punto de hacer los saludos y despedidas sin apearnos de los caballos.

                  SEGUNDA ETAPA
                                           En La Magdalena y Gillón

Capiya de La Madalena, en Tresmonte (Fotu: Segun67)
El domingo, 15, se emprendió la marcha en auto hasta Villa de Canes, para oír misa en Regla de Naviego. Una vez cumplido este deber y acompañados de los entusiastas amigos Lázaro Fernández, Constantino Herrero y Cándido Sierra, emprendimos la subida a la Magdalena, con una mañana espléndida, el Sr. Kleiser, D. Luis S. Cantón, D. Ceferino Carbajal, D. Angel Rodríguez, D. Modesto Morodo y un servidor, llegando a la Magdalena a las once, donde nos esperaban los pueblos de Trasmonte y una nutrida Comisión de Noceda.

Una vez reunidos, se reanudaron las entusiastas adhesiones, y a la hora oportuna se tendieron los manteles en sitio tan pintoresco; y aunque el Sol lucía con todo su esplendor, la brisa contrarrestaba el calor, resultando una temperatura agradabilísima. Entre plato y trago y las ocurrencias de los comensales, sobre todo del amigo Cantón, se pasaron tres horas como en la gloria.

Despedidas las comisiones, montamos a caballo en dirección a Gillón, donde se celebraba la fiesta del Cristo. Llegamos a dar vista al pueblo y quedamos agradablemente sorprendidos con la manifestación preparada a la entrada.

Rodeando un artístico arco triunfal por el estilo de los ya descritos, y a la cabeza de la manifestación, se encontraban los Sres. Párrocos de Vega, Gedrez, Noceda y Gillón, con todo este pueblo, y comisiones de Ríotorno, Vidal y Noceda. Al son de la gaita y al estampido de los cohetes echamos pie a tierra, y era de ver el afán con que todos querían ser los primeros en estrechar la mano del Sr. Kleiser.

Puesta la comitiva en marcha, entramos a tomar café en la rectoral, invitados por el Párroco; y después de visitar, en su casa, a varios particulares que se extremaron en obsequiarnos, se hizo alto en la plaza del pueblo, en donde el amigo Carbajal, haciendo alarde de orador muy oportuno, por lo que fue premiado con una salva de aplausos, presentó al futuro diputado.

A los pocos momentos de dirigir éste la palabra al auditorio, se despertó en el público tal ardor, tal entusiasmo, que para que pudiera proseguir hubo que apelar a la súplica. Es verdad que el discurso fue de los que dejan grata memoria.

Mientras se hacían los comentarios de rigor, yo, que siempre fui curioso y aficionado a pasar revista cuando de faldas se trata, me acerqué al baile, quedando gratamente sorprendido al ver que el entusiasmo había contagiado a las cantadoras, pues al acercarme entonaron la siguiente copla:

                                                   Si las mujeres votaran
                                                      como los hombres,
                                                   Kleiser ganaría todas
                                                         las elecciones.

Sin tiempo que perder, emprendimos la retirada, siendo despedidos en la salida del pueblo con los mismos honores y entusiasmo, el cual no decayó un momento.

¡Ah!... Se me olvidaba decir que aquella nubecilla de verano que tanto gustó, sigue extendiéndose de manera alarmante por todo el distrito, y a juzgar por el cariz, amenaza tormenta.

                                                                                             JOAQUÍN GARCÍA GONZÁLEZ.

                                                                                                     Cangas, 17-9-1912.

29 febrero 2012

Viaje en el tiempo 2 (V): De El Pueblu a L.larón


La Danza de L.larón (Foto: Inés Rodríguez)
Pasadas unas horas, y para proseguir el viaje, subo a otro autocar en el que hay de todo, verbigracia: guardia civil, mujeres con pañuelos floreados y ceñidos a su cabeza, una joven con unos pendientes que desde el primer momento despertaron mi atención, un borrachín -resultó tocayo mío- de boca alegre y ojos ratoniles, un chófer que está aprendiendo a conducir -y es el que nos lleva más o menos aconsejado por el titular-, un muchacho con un acordeón que, quizás porque nadie se lo solicita se pone a tocar, bueno, eso de tocar... Cada vez que este aprendiz de músico encoge o estira el fuelle del instrumento, se desprenden suicidas las notas chillonas y despèdazadas; de su música sólo se sabe la canción que desea tocar, cuando la canta, pero así y todo no existe concordancia entre música y voz. Viajan también mujeres que, según ellas -no lo adivinaríamos nosotros- habían estado en Buenos Aires; y un hombre, vecino del pueblo de La Viliella, que testarudo y testarudo se empeñó en contarme sus cuitas, a cambio, eso sí, de contarle yo -me las exigió subrepticiamente- las mías.

Hasta hace algún tiempo la carretera por donde avanza el autocar llegaba solamente a la Fuente del Rañadoiro, puerto frío e inhóspito, pero ahora ya continúa por este trayecto hasta Degaña, pueblo al que antes había que llegar dando un rodeo por Villablino, en la provincia de León, aunque para quienes quisieran caminar, había senderos que suplían la carretera ahora construída. El autocar sube renqueante el puerto de Rañadoiro; por la ventanilla entra un aire fresco y cortanta, propio de la altitud; a derecha e izquierda se ve una rala vegetación. Durante la ascensión prosigue la desbordante y resquebrajada música del acordeonista, el cual cuenta ahora con la colaboración de otros mozos amigos de la jarana, por lo que dan voces -creen que cantan- y alborotan hasta sentirse totalmente protagonistas.

Una vez el autocar en lo más alto, hay relevo de chóferes. Como viene un pronunciado descenso, se pone ante el volante el conductor titular, pues la Empresa debe considerar que nuestras vidas exigen ciertos conocimientos en la labor de conducir y entonces no debe exponerlas ante la posible ineptitud del principiante. En este momento puede tener validez el cantar alusivo a tal zona:

Viva Cangas, viva Cangas
y todo el río de Rengos,   
en pasando el Rañadoiro
lo pintamos los cabreiros

Advirtiendo que llaman cabreiros a los naturales de Larón y La Viliella.
El país cabreiru

Hay un cambio total de panorama. Vemos muy abajo los dos pueblos citados. El descenso es agudo y preocupante. Densa paz se presagia en los hundidos poblados que bostezan dentro del vago atardecer, como acogidos con temor a los declives de las mudas y no fructíferas montañas. El autobús hace una breve parada en Larón. Al joven que me había soltado la madeja de sus preocupaciones: la mili, un camión, la esposa, la tía..., le señalo unos hombres que hay en la carretera, indicándole mi intención de ir a charlar con ellos -mi ansia de preguntar-, pero él me hace la advertencia de que no son asturianos, y poco lograré; al parecer son forasteros para la construcción de una carretera cercana. No quiero irme sin haber intentado el diálogo en el pueblo, y con este motivo visitamos a un hombre bastante anciano que está con unos familiares; sorprendido en su humilde casa, nos acoge con una frialdad deprimente y una negativa rotunda en cuanto a conversar; el que me acompaña me dirá luego exculpatorio: “Es que no quiere; cuando está de gracia, cuenta y cuenta cosas sin cesar”.

Quedó Larón en paz bajo la zarpa del bronco Rañadoiro imponiendo la antigua y ya superada dificultad de su paso; dos arroyuelos, el Rufaro y el Campetinos, siluetean el pueblo; algunas alturas acoquinan; el pueblo de Larón, titular de una danza asturiana que sirve de mensaje regional. Dicen en otros lugares: “Si van las nubes a Larón, lloverá o non”.

(Texto  perteneciente a la segunda parte de "Ruta: Sudoeste de Asturias", de Luciano Castañón -RIDEA, 1965-. Y continuará próximamente... aquí).

23 febrero 2012

Viaje en el tiempo 2 (IV): De Cangas a El Pueblu

Llega la hora -más o menos- y partimos siguiendo -contra corriente- el ton y el son del río Narcea -afluente del Nalón-. Enseguida empezamos a cruzar pueblos oscuros y aparentemente tristes en su desapercibida existencia; algunos, al borde de la carretera, otros ligeramente apartados: Regla de Perandones, Cibuyo, Sestorraso, hasta llegar a Ventanueva, donde la carretera se bifurca: por la derecha se sigue a Ibias, por la izquierda, hacia Degaña. Antes de llegar a Ventanueva, brilla y aprieta el sol en algunos momentos, cayendo tesonero sobre las solitarias heredades verdes que se extienden a ambos lados de la carretera. Como siempre, en los pueblos hay personas que esperan al autocar, ya para subirse a él, ya porque viene algún familiar, ya simplemente, por entretenerse con las caras que se asoman a las ventanillas. Se ven también, de vez en cuando, en alguna casa, las labores de trilla del centeno; no hay tregua en tales labores, que se han de hacer perentoriamente aprovechando el tiempo benigno -pero tan tornadizo en tales lugares-.

Valle de Rengos desde El Rañadoiru
Pasada Ventanueva -una Venta, dos casas apenas- enfilamos por la izquierda la carretera hasta El Pueblo, pueblo éste llamado comúnmente Rengos, pero que tiene oficialmente aquel otro nombre, ya que existen también -discriminatoriamente- Posada de Rengos y Vega de Rengos. Lo primero que veo en El Pueblo de Rengos son varios mineros en traje y color de faena; todos ellos llevan su lámpara, su bota de vino y su cayado; sorprende encontrarse tan al sur de Asturias estas caras negras, cuando es creencia común la de que la Asturias minera se limita a los valles del Nalón y del Caudal, -recordemos también las minas de Tineo, Cabranes, Teverga y otros concejos-. Hay en la carretera una indicación: “Al Monasterio de Hermo”; y se ve también un camino que conduce hasta Gedrez.
Abandono el autocar. En medio de unas casas y entre aquella aquella gente desconocida, veo a unos niños jugando a los bolos; me acerco a ellos, tras pasar un reguero, por si fuera el juego idéntico al que algún tiempo antes había visto jugar a otros niños en Santa María del Puerto (Somiedo); no es igual, pero tampoco es el habitual de los otros pueblos de Asturias; al parecer este también lo practican los adultos; consta de dieciseis trocitos cilíndricos de madera, y con una bola han de intentar derribar el mayor número posible de ellos, pero al mismo tiempo procurar que salgan desplazados lejos los mencionados trozos -más allá de dos señales que hay-, y también la bola ha de pasar esas señales, pues si no, “quema”, y la jugada que se haya hecho, por tal circunstancia, no valdrá ningún tanto.
Noto que los “pegollos” -columnas- de los hórreos tienen aquí cierta particularidad; no son los comunmente piramidales que se ven en el resto de Asturias, sino, además de cortos, redondos y estevados, y no de madera.

[El cronista entra en la taberna, donde entabla conversación con el tabernero].

El Pueblo de Rengos celebra su fiesta en Septiembre. Cada cinco o seis años celebran una típica danza, danza a la que se le viene dando -dicen los vecinos que no con entera justicia- el nombre de “Danza de Larón”. Cierto es que en este último pueblo también se baila; pero no tiene por qué llevar la danza en exclusiva ese nombre. Este año, en El Pueblo, quieren hacer la danza, y la bailarán doce hombres vestidos de blanco, con sombrero adornado con cintas de colores.

Entran en la taberna un padre y un hijo, andan pidiendo por los pueblos, y llevan consigo, como reclamo, dos raposos -rellenos de hierba- que dicen mataron un día antes. Se gastan bromas sobre la veracidad de la caza, la malignidad de las alimañas y la avaricia de algunos vecinos recompensando con una miseria la efectiva labor de los cazadores...
El río Narcea pasa joven por allí. El atardecer va apagando los tonos de las laderas esquinándose curvamente en recodos con caminos que los sesgan.

(Texto  perteneciente a la segunda parte de "Ruta: Sudoeste de Asturias", de Luciano Castañón -RIDEA, 1965-)