19 febrero 2012

Una reina, dous reis, cuatru ases,...

Que nun piense naide, al ver la fotu de cabecera, que tóu dexándome arrastrar agora pol viciu del xuegu, más que nada porque entovía nun lu dexéi. Tou tien desplicación. Nos últimos tiempos, esti blogue ta más veces por fuera del País Cabreiru que falando d'él. Peru hai ocasiones nas que merez la pena nun atase a las l.lindes xeográficas, y ésta yía una de las que tán nesa categoría, por dereitu propiu.

Nun tengo la menor duda de que, si tuviera que nomar a los reis de las escursiones pola zona del Suroucidente d'Asturias, el Noroeste l.lionés ya una parte del este lucense, éstos serían Julio Álvarez Rubio (autor del blogue Noroeste leonés, con muitas ya escelentes fotos de L.laciana ya Babia) ya Alberto Álvarez Ruiz. Peru estu taría incompletu si nun tuvieran acompañaos d'una reina, María del Roxo (Ibias: El Lejano Oeste). Cada unu d'el.los, al sou xeitu, mediante blogues ya l.libros pa esfrute de los que nun tamos pol l.labor d'andar ya cansar, dannos a conocer el patrimoniu (natural, etnográficu, l.lingüísticu, artísticu...) de la nuesa zona galaicoasturl.lionesa, ya ofrécennos tamién una bona sida pa yir a conocer esos l.lugares personalmente.

Esta vez, tocóu-l.ly'l turnu al conceichu d'Ayande, que no 2011 sufrióu una de las piores catástrofes medioambientales que se recuerdan, conos incendios del mes d'outubre. La guía que ta recién editada, Allande. Guía completa yía un bon homenaxe a tou'l sou patrimoniu ya tien de ser un estímulu pa conservar el que resistióu ya recuperar el queimáu, ya ta a la venta, polo menos, en La Tienda Verde (Madrid), na l.librería Cervantes (Uviéu) ya na l.lbrería Proteo (Málaga).

Esti (pol momentu...) últimu trabachu completa un póquer de ases indispensable pa que esta parte de Lugo, L.lión ya Asturias nun sía sólu un nome nos mapas, xunto a Ibias, guía completa, Alto Sil. 40 rutas a pie (Volumen 1) ya Ancares en coche y a pie. Peru nun taría bien olvidar los dous comodines: Mapa de Muniellos y Mapa del Alto Sil, tous el.los editaos por Calecha Ediciones.


 Muitas felicidades, ya muitas gracias, a los autores ya a Calecha por descubrinos lo nueso, aquel.lo que ta ahí, que nun vemos, que nun-l.ly damos la importancia que tien ya que yía la mayor achalga de la nuesa tierra. Ya que sigan asina por muitu tiempu.

13 febrero 2012

Viaje en el tiempo 2 (III): Esperando el autocar

Capilla y barrio de Ambasauguas (Foto: Carlos Tornadijo)
Advierto que transcurre la mañana tontamente, y que la pierdo, pues en este pueblo no hago nada, sólo retrasar el tiempo en mi proyectado itinerario. Alguien me insinúa que "pare" camiones; es el consabido auto-stop, pero yo, repleto de complejos hasta los codos, no me decido. Son camiones que están en continuo hormigueo -es la palabra exacta- hasta las minas de carbón que hay en Rengos.
Pasó ya la mañana. No llueve ni hace sol. La gente camina por las calles húmedas y en alguna plazuela hay campesinos ofreciendo frutos, hortalizas, granos; es el consabido mercado callejero junto a tiendas sacando sus mercancías hasta las aceras. Me acerco a la capilla de Ambasaguas -se juntan allí dos corrientes de agua y de ahí el nombre- porque me habían indicado que era antigua; no pude entrar, y exteriormente no me es posible apreciar en ella nada de interés.

Resulta raro por variopinta esta Cangas del Narcea en que me encuentro. Veréis, hay escudos antañones, vetustas paredes y tejados de pizarra con moho o musgo en abundancia, pero hay también cafés, cafeterías y droguerías, voceando el último grito de los mosaicos, de los hierros, de los colorines, en fin, de la decoración más "novedosa". Al lado de casas viejísimas -con sus peculiares corredores y todo- hay casas modernas en su concepción exterior. Se aprecia en la arquitectura general del pueblo cierto desajuste o desquilibrio; nosotros hubiéramos preferido que estas dos versiones urbanas tuvieran su propia vida en zonas independientes. Noto que algunos comercios de Cangas conservan su tufillo americanista.

Para entrar en el bar hay que bajar unos escalones; su dueño es parlanchín y me da la impresión de que también anduvo por las Américas; de vez en cuando atiende a algún parroquiano -campesino o trabajador- que pide un vaso de vino y con el que siempre, de manera inexcusable- cruza alguna frase: “¿Arreglaste el molino?” “Vendiste la vaca?” “Estuvo ayer aquí tu primo Celedonio”; y así sucesivamente

Podemos anotar algún refrán más de los que se dicen en este concejo, por ejemplo: “Encarnao pa Burón, sol a trompón, por la tarde sí, de mañana non”; “Cuando el picu Monrrodio se cubre de niebla, ta el tiempu de vuelta”, siendo Monrrodio un monte cercano a Escrita, parroquia de Coto; este otro que alude a varios pueblos: “Pandiello y Folguerúa, Sestorraso y La Pescal, son cuatro pueblinos que no comen pan ni sal”; y: “Si vas a Besullo, lleva mendrugo”, queriendo decir que allí no encontrarás quien te lo dé.

Iníciase, pues, la tarde sin el estorbo de nubes, tarde descotada, con limpia y frescachona claridad. Por aproximarse la hora de salida de algunos coches, comienzan a merodear los viajeros por delante del bar - un espacio irregular con algunos raquíticos  y esparcidos árboles sin ningún orden-; en un portal está el hombre que vende los billetes, lo que hace con desgana, nacida, parece que de vagancia.

Llegan dos autocares y cada viajero ha de cerciorarse de cual es el que le corresponde; los autocares son viejos, están derrengados, y quizás por ello los chóferes examinan los sospechosos motores antes de ponerlos en marcha. Ocupo mi lugar; no hay mucho apuro, pero tampoco escasez tal de viajeros que permita la elección del asiento; abundan las mujeres con sus sacas y bolsas rebosantes de mercancías tan valiosas para ellas.

(Texto  perteneciente a la segunda parte de "Ruta: Sudoeste de Asturias", de Luciano Castañón -RIDEA, 1965-)

06 febrero 2012

Viaje en el tiempo 2 (II): Llegada y estancia nocturna en Cangas


La villa de Cangas del Narcea (Foto: Pañeda, blog ASTURIAS.AS)
Es ya de noche cuando llego a Cangas de Narcea: por eso, intranquilamente, lo primero que intento es asesorarme para continuar el viaje al día siguiente, hacia Degaña. Al consultar encuentro -inexplicablemente- contradicciones en los horarios que me dicen, pero lo más probable -y para mi mal- es que hasta la tarde del día siguiente no podré disponer de coche de línea que me conduzca hasta mi primera etapa.

Incitado por la ociosidad noctívaga charlo con el sereno -¡mira tú que si estando en Cangas fuese madrileño!- relleno de carnes y tranquilo de talante; procuro sonsacarle detalles del pueblo; que si esto, que si lo otro, que si lo de más allá, ya se sabe o supone: era una conversación con un sereno. Hablando y hablando surge el tema de quienes escriben, quienes son los que pueden saber detalles curiosos referidos al pueblo, etc. entonces me cita un nombre, por el hecho -según él- de que tal cangués colabora en el portfolio de las fiestas locales, y seguidamente, con amabilidad -¿o por aburrimiento?- me acompaña hasta el café donde aquél suele parar.

[Una vez en el café, ambos forman tertulia con otros parroquianos del local, que transcurre entre historias y refranes del concejo, como los que siguen]:

 "La primera fiesta que Dios nos envía, ye la de San Tirso nel río de Luina"; En Santo Antón de Xineiru entra el sol en toos los regueiros, menos en el de Rocabo, que non entra en to l'año". Rocabo es un reguero próximo a Cangas; "El vino por San Andrés, viejo es", y en el pueblo de Mieldes puntualizan más: "En chegando San Andrés, el vinu nuevo di Cangas añejo es"; como se sabe, en Cangas se cultivan viñedos.

Entre los pueblos más heráldicos de Asturias, figuran sin duda Tineo y Cangas del Narcea; menos mal que los escudos están en las paredes de las casas, pues si estuvieran en las aceras o en las calles, quedaría obstruido el paso de peatones y vehículos. Una de las muchas familias que tienen escudo en Cangas es la de Sierra Pambley; su lema dice:

Este pino, pino albar    
   y esta cerda con su grey,
son las armas y el solar
de la casa de Pambley.

Alude ello a cierta guerra y el consiguiente cerco; el casual hallazgo que hizo un Pambley de una cerda con su “grey”, sirvió para saber por donde se podía penetrar y combatir así a los cercados. Como se puede ver, lo genealógico tiene a veces orígenes desconcertantes por imprevistos a se les imputan.

A diecisiete kilómetros de Cangas está Besullo, pueblo popular por habitar en él, pese a ser tan reducido, varias familias protestantes; al parecer éstas van siendo ya escasas, pero escasas eran también en 1925, cuando solamente existían allí cuatro de tales familias, pudiendo considerarse arraigado el protestantismo en dicho pueblo desde 1870 aproximadamente.

De vez en cuando el dueño del bar en que estamos da un paseo por las proximidades de nuestra mesa. El bar tiene excesiva luz, quizás para que vean bien unos jugadores de damas, más embebidos en su juego que en la bebida -inexistentes sobre su velador-. Quiere llegar la media noche; eso dice el ambiente del bar desangelado, sin el calor humano que proporciona el runruneo de conversaciones.

Una de las posibilidades para que al día siguiente pueda desplazarme pronto desde Cangas a Degaña, es madrugar y subir a un camión que transporta mineros, aunque sólo me llevaría hasta Rengos, pueblo a mitad de camino. Cuando cuento que deseo ir desde Degaña a Ibias caminando, los que me acompañan se arman un pequeño lío al decidir si eso es posible o no.

Sin justificación ninguna, no doy el madrugón imprescindible o exigible para la problemática marcha. Se prolonga pues mi estancia en Cangas, no premeditada. Camino por el pueblo al tún-tún. Estando en un bar, comienza a llover, no a llover, sino a diluviar como si nunca lo hubiera hecho. Tras los cristales siento el apagado gozo de ver las estrellas explosivas, el suelo neblinoso con los rebrotes del agua; agua y agua con inaudita violencia sobre la carretera, los tejados, un depósito de agua -¡qué paradoja!- allá lejos sobre un montículo apenas visible; y algún chófer que entra blasfemando y la panadera que entra “pingando”, aunque aparece pronto su marido con un paraguas prehistórico; -por el diálogo, por la hechura y compostura del hombre, se ve que la mujer es la que trabaja en casa, el hombre, condescendiente, parece enfermo-.

(Texto perteneciente a la primera parte de "Ruta: Sudoeste de Asturias", de Luciano Castañón -RIDEA, 1965-)

30 enero 2012

Viaje en el tiempo 2 (I): El preludio

Quizás, para hacerlo moderno y atractivo, debería de haberlo titulado "Viaje en el tiempo: la precuela", para enlazar con la serie de entradas de "Ibias: El Lejano Oeste" sobre la obra "Ruta: Sudoeste de Asturias", de Luciano Castañón Fernández (del que se cumplieron 25 años de su fallecimiento el pasado 5 de enero). Pero ni tengo tanta imaginación ni tan poco aprecio por la lengua castellana. Así pues, comienza aquí el relato (resumido) que de su viaje desde Cangas a Degaña hizo Castañón en las dos primeras partes de su obra, editadas por el Real Instituto de Estudios Asturianos en 1965. El texto que sigue, literal, corresponde a la primera parte. Tiene la palabra el autor, que comienza con sus impresiones previas:
Luciano Castañón (Foto de la página de VTP Editorial)
De las plurales Asturias existentes -por algo el nombre de la región es también plural- uno pertenece, en cuanto al paisaje y al margen de otras condiciones diferenciales, a la Asturias de chimeneas fabriles y mar perenne, un mar bronco en invierno, y no tanto en verano, cuando afluye la gusanera humana hacia la canela de sus playas. En ocasiones, como cualquier hijo de vecino, hacemos las oportunas escapadas en busca de los entresijos sanguíneos de nuestra provincia, viendo entonces las negruras de unas escombreras, los valles hermosamente verdes o amarillos de maizales, los diversos tonos de los lagos o la albura áspera de unas rocas en permanente desafío. Pero además de estas Asturias tipificadas y fácilmente frecuentadas por extraños o comprovincianos en sus desplazamientos, ¿qué pensar de las zonas situadas más allá de los límites a que nosotros mismos nos ceñimos? Conocer Asturias no es discursear largamente sobre la playa de Barro o la de Tapia, visitar Covadonga y las fábricas de sidra, probar el queso de Cabrales o soportar la paciente espera en las riberas de los ríos salmoneros. Asturias tiene también en su parte más ancha un Sur con vigencia regional, aunque desconocido, porque parece ser que no se siente lo mismo al decir: “Visité unos pueblos de Degaña” que: “Ayer estuve en Pajares”; Pajares suena a presunción; Degaña a lugar ignorado, remoto o trasmontano.

Como jugador del Cádiz C.F. (Foto: Peña Cadista 1910)
Existen teóricos equivocados que consideran a los del occidente de Asturias más gallegos que asturianos, así como a los orientales, montañeses; pero a los de la zona Degaña-Ibias ¿cómo considerarlos? Y también, ¿cómo son los pueblos de tales concejos, qué piensan sus gentes, a qué se dedican? Con intención, pues, de conocer algunos de tales aspectos nos trasladamos hacia dichos Ayuntamientos, pasando por Cangas de Narcea que, sin esperarlo, se nos interpuso en el camino, en el sentido de prolongar impensadamente nuestra estancia en tal villa. La visión es -no puede ser de otra manera- parcial por la limitación de lo visitado; pero cabe suponer que dada la identidad en cuanto al habitante de los pueblos de tales concejos, no difieran apenas las notas de viaje aquí reseñadas con las que pudieran decirse de los demás. Sospecho, por otra parte, que estos apuntes tienen un carácter excesivamente personal, pecando de proliferado “yoísmo”, y entonces me apresuro a confesar mi culpa, así como de no haberme sabido sustraer a tal rémora, al menos en esta ocasión. Por otra parte es indudable que las notas que se tomen en un viaje difieren bastante según el objeto de las mismas, dependiendo su redacción a veces del destino que puedan tener: revista especializada, un periódico o un libro.

23 enero 2012

Chapuzas y mentiras Principado, S.A. (2)

(Con el asesoramiento profesional de Pepe Gotera y Otilio)

En primer plano, la única rejilla para las aguas pluviales
Relegado largo tiempo, pero no olvidado, prosigue este serial que comenzó aquí. Hoy, en vez de cita musical, homenaje al gran maestro Ibáñez.
El proyecto de obras aprobado decía:
Para la recogida de aguas pluviales se prevé la construcción de 21'80 m de rejillas para cortar las aguas que bajan por los caminos y entran en las calles del núcleo, se contempla la construcción de una fuente de agua y 151'14 m de cerramiento de madera tratada”.

Ni un solo metro nuevo de rejilla fue colocado por el Principado. Únicamente retiraron, para hacer las zanjas del saneamiento, y volvieron a colocar la existente desde agosto de 2001 en la entrada del pueblo. Como consecuencia, las aguas de lluvia, incluidas las que vienen de los caminos exteriores al pueblo procedentes del monte, recorren las calles de La Viliel.la sin nada que las corte y recoja, y ocasionando problemas en el tránsito por las calles y en las casas situadas en la parte baja.

La "fuente" con "boca de incendios" (que sí, que es ahí...)
La Oul.lera, después de pasar el huracán "Principado"
Y los arreglos de las fuentes... No solamente no hicieron la nueva fuente, que tomaría el agua de la traída general, y que tenía prevista la boca de incendios ni el arreglo de El Pilón (que fue semiarreglado por los vecinos), sino que la reforma del conjunto de La Oul.lera (fuente, abrevadero y lavadero), uno de los mayores del concejo, tampoco fue llevada a cabo, quedando la zona incluso peor de lo que estaba: un asiento de piedra y la pared del abrevadero fueron derribados por la maquinaria; como consecuencia del golpe, la pared contigua del lavadero quedó con las piedras movidas, y fue remendada por los vecinos para que no se cayese al suelo; colocaron un tubo de escaso diámetro para el paso del agua por debajo del pavimento: como era verano y había poca agua...

El Pilón -derecha- antes de la reforma (Foto: apancorbo)
Para rematar la faena, La Oul.lera era de los escasos sitios del pueblo donde un vehículo podía cambiar de sentido. El desnivel que quedó entre el hormigón y el piso original impidió, por peligrosa, dicha maniobra hasta que fue rellenado por los vecinos, aunque el lugar, que también iba a ser mejorado para hacer una plaza más amplia, no quedó como estaba ni tampoco en las condiciones que estaban previstas en el "Plan de Mejoras Integrales" del que tan ufano se mostraba el responsable en su despacho de Uviéu.

El Pilón, después de arreglarlo los vecinos
Eso sí, los palitos del cerramiento sí los colocaron. Unos en la entrada de la capilla y el resto en un tramo en dirección a la fuente de La Oul.lera. Así y todo, podían haberse colocado también en otras partes del pueblo en los que hubiesen cumplido tanto su función de barandilla como estética. La empresa que los fabrica, Ökodesign, y alguno de sus responsables perdieron aquí unos buenos ingresos (pero no todos, evidentemente).


 
Palos...
Más palos...
(¡Cuántos palos hacían falta...!)